sábado, 19 de junio de 2010

Renacimiento


2012

Muerte De Dios

Fin de toda creencia en entidades absolutas.

La pérdida de poder de la iglesia hizo que se propagaran las herejías, que finalmente darían a fines del siglo XVI la Reforma Protestante.

En esta época el Imperio Bizantino se tambaleaba por los Turcos; la economía Europea estaba en crisis y las revueltas se propagaban. Esta etapa de crisis afectó al pensamiento: el escolasticismo de la Edad Media caía en un escepticismo radical. Los primeros pensadores cristianos concedían una primacía al espiritualismo sobre lo material, existía una visión providencialista, el poder de los Papas sobrepasaba al de los Príncipes y esto dio lugar a inicios del Renacimiento a enfrentamientos entre ambos poderes.

Cuando Nietzsche predicaba la muerte de Dios no quería decir que Dios hubiera existido y después hubiera muerto (era absurdo). Nietzsche nunca creyó en la existencia de Dios. Esta tesis señala simplemente que la creencia en Dios ha muerto

Para Nietzsche la creencia en Dios era una consecuencia de la vida decadente, de la vida incapaz de aceptar el mundo en su dimensión trágica; él lo tomaba como una motivación psicológica: la idea de Dios era y es, un refugio para los que no podían aceptar la vida tal y como es, es decir aceptar la realidad.

Nietzsche consideraba que estamos ante un acontecimiento actual: no explicaba las razones históricas que habían dado lugar a la creencia en Dios, ni las que han dado lugar a su descrédito, pero parece indicar que estamos en un tiempo histórico clave pues en él asistimos a su necesario final.

Cuando Nietzsche se refiere a Dios se refiere al dios de la religión, particularmente del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle, porque en realidad Dios no es una entidad sino un lugar, una figura posible del pensamiento, representa lo Absoluto. Dios es la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más allá de ésta y darle un sentido. Todo aquello que sirve a los hombres para dar un sentido a la vida, pero que sin embargo se pone fuera de la vida, es semejante a Dios: la Naturaleza, el Progreso, la Revolución, la Ciencia, tomadas como realidades absolutas son el análogo a Dios. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una luz que pueda guiar de modo pleno. Esta experiencia de la finitud, del sentirse sin remedio desorientado es necesario para empezar un nuevo modo de vida.

Con dicha “muerte” podemos vivir sin lo absoluto, en la “inocencia del devenir”. De ahí que la muerte de Dios sea la condición para la aparición y el renacimiento del superhombre.

En la religiones, no hay hechos, solo hay interpretaciones



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