viernes, 28 de mayo de 2010

La realidad supera la ficción


La Tierra podría ser maciza desde el punto de vista más elemental de la física, pero el efecto de la gravedad haría que fuéramos más chatos que una moneda, y el hecho de ser incandescente y maciza, habría causado millones de años atrás que se partiera en pedazos, más ¿que pasaría con el petróleo y el gas? saldría hirviendo o se habría quemado pues en el centro hay un sol interno con sus dos aperturas polares por dónde salen los rayos del sol que producen el efecto cromático de las auroras boreales en los polos.

A fines del siglo 17, el astrónomo inglés Edmund Halley propuso que la Tierra está compuesta por cuatro esferas concéntricas y también sugirió que el interior de la Tierra estaba poblado de vida e iluminado por una atmósfera luminosa. El pensaba que la aurora boreal, o luces del norte, eran causadas por el escape de este gas a través de una fina corteza en los polos.

A principios del siglo 19, un veterano excéntrico de la guerra de 1812, John Symmes promovió tan ampliamente la idea de esferas interiores concéntricas que la supuesta abertura al mundo interno se denominó “Hueco de Symmes”.

Julio Verne escribió Viaje al Centro de la Tierra en 1864 y Edgar Rice Burroughs
(1875-1950), el creador de las aventuras marcianas y Tarzán de los Monos, también escribió novelas basadas en la tierra hueca. Las leyendas a menudo encienden la imaginación de escritores de ficción y la ficción a menudo enciende la imaginación del pseudocientífico.





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